XI
Miguel, querido amigo: hoy me bebo tus prosas;
romancero de ausencias, y otros poemas sueltos,
y encuentro en cada fibra de tu jardín las rosas,
con pétalos de letras y tallos tan esbeltos.
Esos enamorados, que se unieron danzando,
aquel vals con violines junto a un tiempo feroz.
Ni la borrasca pudo, cruzarse merodeando,
porque el amor es ágil y se enlaza veloz.
El viento ceniciento; que descorre cortinas,
en la cámara triste de aquella habitación,
un clamor taciturno de menguadas espinas,
la soledad que llega dejando una emoción.
Hoy me abraza ese viento; tan sofocado y mudo,
que sin vacilaciones ya preciso escribirte,
pues llevo una coraza, como mejor escudo
y sé que soy un faro..... muy solitario y triste.
romancero de ausencias, y otros poemas sueltos,
y encuentro en cada fibra de tu jardín las rosas,
con pétalos de letras y tallos tan esbeltos.
Esos enamorados, que se unieron danzando,
aquel vals con violines junto a un tiempo feroz.
Ni la borrasca pudo, cruzarse merodeando,
porque el amor es ágil y se enlaza veloz.
El viento ceniciento; que descorre cortinas,
en la cámara triste de aquella habitación,
un clamor taciturno de menguadas espinas,
la soledad que llega dejando una emoción.
Hoy me abraza ese viento; tan sofocado y mudo,
que sin vacilaciones ya preciso escribirte,
pues llevo una coraza, como mejor escudo
y sé que soy un faro..... muy solitario y triste.
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