Apreciado Miguel:
Estoy envuelta en el mesurado mundo de tu lírica. Tan cerca de las nubes; como cualquier amante de las colinas. Prefiero perderme por los vericuetos del silencio, que perecer en la estática cima de la muchedumbre.
Hay olor a pino humedecido entrando por las rendijas, en los muros de mi palabra. Aquí se respira idea, tiempo, espacio. Tú, mi buen maestro, coloreas la brisa con tus cánticos de sangre y de viento.
Me llega tu voz, desde las amarillas cartas, que yacen en los archivos del tiempo. Las leo, las aprieto entre mis manos, como si fueran ramos de azucenas que florecen desde el infinito vuelo de una mariposa.
Ayer me propuse contestarte. Decirte que la vida es allí donde mora tu luz intacta, y no en el presente locuaz de mis melancolías.
La poesía sigue sin detener las riendas del Apocalipsis. Tu voz se eleva por encima de los valles; los pueblos, los continentes, perpetuando el único amor que brilla por encima de la tierra.
Estoy queriendo decirte con letras; que la magnitud de tu vuelo, dejó en mi escritorio un soplo de brizna, para encender la llama de estos versos.
Recibe estas epístolas; como si fueran palomas, que surcan los umbrales del Universo para llegar a ti, y guárdalas querido Miguel.
Recibe estas epístolas; como si fueran palomas, que surcan los umbrales del Universo para llegar a ti, y guárdalas querido Miguel.
Hay un surco florecido en la tierra, que sigue tus huellas por los tinteros del infinito.
Con todo mi respeto y admiración,
Vivianne Alegret
Maravilloso comentario, cuantas letras mojadas de trabajo con ritmo de amor.
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